domingo, 22 de diciembre de 2019

jueves, 12 de diciembre de 2019

sábado, 5 de octubre de 2019

Leyendas de Sevilla(III)


                                               

Tiempo de contar otra leyenda sevillana, aunque en este caso también gaditana, y que tiene que ver con uno de nuestros pintores más importantes, Bartolomé Esteban Murillo.

Si tenéis la suerte de visitar como hice yo recientemente la Colección Bellver en Casa Fabiola (lo que recomiendo fervientemente) podréis disfrutar allí de un cuadro que hace referencia a la muerte de este insigne artista y a la leyenda que en torno a la misma se creó, obra del pintor granadino José Marcelo Contreras y elaborada para presentarse al certamen que se celebró en 1862 para conmemorar la muerte del genio (acabó consiguiendo el segundo puesto) y que os pongo justo aquí abajo...




La obra refleja el dramatismo del accidente que sufrió Murillo pintando la capilla de la iglesia del convento de los Capuchinos en Cádiz, al caer del andamio, con especial hincapié en el rostro de dolor contraído del personaje principal, ese pobre discípulo que llora ante el sufrimiento de su maestro,ese monje que examina el andamio para comprender cómo pudo ocurrir la fatal caída y ese abad compungido y por qué no decirlo con cara de preocupado pensando para sí mismo "para una vez que tenemos aquí una figura relevante y se nos mata"...

Pero hay algo más que contar sobre esto porque recordemos que esta entrada trata sobre una leyenda...

¿Qué hubo de raro en la muerte del maestro sevillano, creador de iconografías de gran éxito como la Inmaculada Concepción o el Buen Pastor y que ejemplifica mejor que nadie el Barroco andaluz?
Pues al grano...

Al parecer todo empezó con una premonición: un joven Murillo fue avisado por una gitana (doctor honoris causa en males de ojo) sobre su fallecimiento, y es que éste se produciría en el transcurso de una boda.
Un asustado Murillo decide por tanto evitar toda celebración nupcial y jamás fue a boda alguna, aunque acabó haciendo una excepción, la suya propia (hubiera resultado feo faltar a su propio enlace), matrimonio que por cierto fue extraordinariamente feliz y duradero.

Es entonces cuando el ilustre pintor sevillano decide aceptar el encargo de los capuchinos gaditanos y al parecer es allí donde practicó el puenting sin cuerda desde el andamio.

Hay varias teorías sobre el asunto: unos dicen que el murillazo se lo pegó en su propio estudio sevillano, otros que sí, que fue en Cádiz y que murió prácticamente al instante y otros que fue en la tacita de plata pero que pudo ser trasladado a su Sevilla natal para poder morir allí finalmente (incluso muchos meses después, fruto de una hernia provocada por la caída)

Pero eso no nos va al caso...Porque al final resultó que el mal de ojo era de verdad y pese a que Murillo evitó las bodas desde joven, acabó muriendo en una...

La obra que pintaba cuando cayó al vacío era "Los desposorios de Santa Catalina".

Si ya lo dije yo...doctora honoris causa en males de ojo...

miércoles, 25 de septiembre de 2019

La boda más curiosa de la Edad Media


Volvemos a darle un poco de vidilla al blog tras la vorágine típica de los primeros días de un inicio de curso...
Una de las razones que hicieron que desde pequeño me interesara la historia fue la presencia en casa de uno de los regalos de reyes de los que mejor recuerdo guardo: la famosa Crónica de España, una auténtica delicia para todos los amantes de la musa Clío, que consistía en una especie de atlas ilustrado de miles de páginas que recogía los principales acontecimientos de la historia de nuestro país día por día, simulando un diario (que se complementaba con la igualmente genial Crónica de la Humanidad)

Incontables las horas que pude pasar leyendo y releyendo sus páginas, y sobre todo, mirando sus imágenes, pero siempre hubo una que llamó mi atención especialmente y era ésta:


¿No observáis algo raro en la imagen? Sí, es una boda, con su oficiante, sus invitados, etc....
Pero....¿os habéis fijado en la novia? Sí, apenas levanta medio metro del suelo y no, no se debe a que en aquella época la gente fuera bastante más bajita que ahora.
Se debe a que la novia tenía la friolera de ¡¡¡1 año!!! ¡Eso es precocidad!
Obviamente, aquello no podía acabar así, e indagué en el asunto, y es precisamente la historia que os voy a contar hoy...
Para empezar, los que se están casando en la imagen son Petronila de Aragón por un lado y Ramón Berenguer, y están dando lugar a nada menos que a la creación del importantísimo reino de Aragón.
Pero empecemos por el principio....

La España del siglo XII no era aún el estado unificado que es hoy, existiendo una serie de reinos y condados que, eso sí, en un futuro, se unirían y formarían España, como Castilla, León, Navarra, o los que nos ocupan ahora, el pequeño reino de Aragón y los condados catalanes, en la región pirenaica, de entre los que destacaba el de Barcelona.

El de Aragón acababa de perder a su rey, Alfonso I el Batallador, muerto sin descendencia, decidiendo dejar en su testamento como herencia el reino a la Iglesia. Como la idea no hizo mucha gracia a los nobles aragoneses, éstos declararon nula la voluntad del difunto rey y decidieron ofrecer la corona a su hermano pequeño Ramiro.

Este Ramiro, totalmente ajeno a los asuntos de estado, hacía años que vivía feliz como un miembro más de un monasterio (vamos, que era monje) y declinó la oferta de los nobles, pensando que ser rey le acarrearía más problemas y sacrificios que una vida monacal.

La insistencia de los nobles le llevó finalmente a aceptar a regañadientes pero con la condición de dejar el trono en el momento que dejara un sucesor al trono. Por ello, Ramiro II apodado en un gran ejercicio de imaginación el Monje, colgó los hábitos, se casó con una princesa francesa (Inés de Poitou) y se hizo cargo del gobierno.

Dadas las prisas por acabar y regresar a su amado monasterio, Ramiro intentó solucionar pronto los problemas y dio en el clavo embarazando a la francesa a las primeras de cambio (y sin Viagra)

Dicho y hecho, Ramiro una vez cumplido su cometido, tarda poco en abdicar y deja a Aragón  con una heredera, pudiendo volver a su queridísima vida como monje.

Los nobles aragoneses no están muy felices; el que el sucesor sea una hembra no soluciona los problemas del reino, por lo que a grandes males, grandes remedios...

Así, se concierta una boda con el heredero al condado de Barcelona, Ramón Berenguer IV (y ya con 24 añazos) con la pequeña heredera, de apenas uno. Se celebró un pequeño acto protocolario (el de la chocante imagen) aunque la boda de verdad no tuvo lugar hasta 1150 en Lérida, ya con la reina en su mayoría de edad.

Por cierto, parece ser que se trató de un matrimonio feliz, estable y duradero, que asentó lo que fue la creación del reino de Aragón, y por ende, de la futura España...
Aunque eso sí, Ramón Berenguer partió con ventaja (supongo que Petronila lo vería como una figura paternal)

Pues ea, ahí tenéis una de las bodas más extrañas de la Edad Media...


Power Point: El mundo de los romanos